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#Recomendado. "Deconstruyendo masculinidades y feminidades: un estudio del drag queen en Bogotá"

Actualizado: 12 de dic de 2018


Escrito por Gabriela Oliveros, Juan José Castro, Miguel Gutiérrez e Irana Herrera, estudiantes de la Universidad del Rosario.


El drag no es sólo belleza. El drag es arte, el drag es demostrar qué sabes hacer, qué es lo que quieres hacer.

Para mí eso es el drag. – Allanah V. Suárez


ZoilArtista [foto de Lina Oliveiros] y Allanah (Fotografías usadas en el manuscrito original)

Introducción


Tal como define el diccionario Merriam-Webster’s, un drag queen es “un hombre, generalmente homosexual, que se viste como mujer y se desempeña como animador, especialmente para caricaturizar estereotípicamente a mujeres”. El performance drag queen permite que quienes lo practican se muevan entre las categorías de lo masculino y lo femenino, ya sea para cuestionar los estándares de género o desafiar conflictos internos particulares que tienen en la construcción de su propia identidad. En Bogotá, Colombia, esta práctica se ha popularizado en la última década, debido a las industrias culturales –tales como la televisión y el cine internacional, el auge del movimiento por los derechos de la comunidad LGBTI, etc.– han permitido que varias personas se unan a la comunidad drag queen a través de esta práctica.


Así mismo, estas han llevado a la creación de nuevos lugares en varias localidades de la ciudad, donde se puede hacer y apreciar el drag. De esta manera, nace en Colombia en la década de los setentas en los reinados travesti en Barranquilla [Tomado de ABC, Décadas] sin embargo, en Bogotá se legitima el en el ballet de Oscar Ochoa que se presentaba en Petunia, un centro nocturno fundado por él. Petunia y Barbarella, ambas fundadas por Ochoa, se convirtieron en los lugares para hacer arte drag en Bogotá, pero también el lugar para la reivindicación sexual, política y social de personas, que más allá de ser transexuales u homosexuales, eran artistas en busca de oportunidades en la capital, para expresar y crear. Hoy en día perduran las casas de: las Tupamaras y Casa Orquídea, entre otras. De igual manera, a los reinados se les suman los shows que se desarrollan en diferentes discotecas gay de la ciudad, a los eventos en centros comerciales, a eventos de corte más público como los desarrollados por la empresa Oh My Drag, donde se convocan drag queen internacionales, cuyas teloneras son drag queen reconocidas en el país. Pero también, el arte drag se ha tomado espacios académicos, presentándose en espacios en la Universidad Javeriana y en la Facultad de Artes ASAB de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

Esta ola del drag queen en Bogotá da cuenta de la vuelta en escena de una práctica artística que se ha mantenido en los márgenes de la sociedad bogotana, la cual está retomando escenarios importantes, cuestionando por un lado, las visiones hegemónicas sobre el género y la sexualidad; por otro, el espacio privado en que se ha encasillado lo drag, volviendo más públicas estas expresiones al tomarse nuevos espacios y lugares, y en consecuencia de esto, contradiciendo los imaginarios sociales sobre la expresión de género, pero también el hacer arte y cuerpo.

Teniendo en cuenta lo anterior, la pregunta en torno a la cual gira esta investigación es: ¿de qué maneras el performance drag queen que se realiza en Bogotá es una forma para explorar la masculinidad y la feminidad, y una herramienta para deconstruir dichas categorías hegemónicas? Adicional a esto, se busca comprender las maneras en que lo drag queen está tomando y retomando escenarios y lugares de Bogotá y las implicaciones que tienen en los imaginarios sociales de la ciudadanía; las formas en que se utiliza dicho espacio y la utilidad del mismo para drag; y el lenguaje que utiliza el drag para mostrar estas formas no hegemónicas de ser y expresar. En este sentido, los ejes de análisis de la información son: en primer lugar, el binario de masculino y femenino; en segundo lugar, lo político de lo drag desde el lenguaje específico que surge en los espacios; en tercer lugar, el espacio concebido como un lugar que se construye a partir de las relaciones sociales que se dan en él y tiempos en que se desarrolla esta actividad; y finalmente, los imaginarios sociales que prevalecen sobre lo drag queen y las personas que lo llevan a cabo.


Metodología


Es importante tener en cuenta que los métodos que utilizamos para obtener los datos para esta investigación fueron la cartografía corporal, cartografía espacial, observación y entrevistas, pues éstos nos permitieron acercarnos y ayudaron a entender el arte drag queen en la ciudad y a los artistas que lo practican. En este sentido, la entrevista permite (i) acceder a las percepciones y valores que poseen los entrevistados respecto a la situación, en nuestro caso, la deconstrucción de lo masculino y femenino a través del drag; (ii) registrar la historia local del drag; (iii) desentrañar las relaciones sociales en las cuales se encuentran inscritos los artistas; y (iv) acceder al conocimiento y epistemología local expresado en la cosmovisión de los entrevistados (Restrepo, 2007: 2).


Antes de hacer las entrevistas se les adelantó los propósitos de las mismas en particular y de la investigación en general a cada uno de los entrevistados. Posteriormente, les solicitamos su consentimiento informado para la realizar la entrevista y de utilizar medios de registro como la grabadora o notas. Estas fueron realizadas a dos drag queens, Nicolás Suárez y Nicolás Zuñiga; el primero es de Bogotá, tiene 23 años y vive solo. El segundo es de Cali, cantante y compositor, estudiante de arte de la Universidad de los Andes. Este hace drag desde hace dos años y su personaje, como él lo llama, es Zoila, una drag que se sale de lo convencional al no cubrir sus partes masculinas, sino que las resalta. Por último entrevistamos a Diana Santos, cofundadora de ABC del arte drag y transformista en Bogotá, iniciativa encaminada a visibilizar e impulsar estas prácticas en Colombia a través de una página web con información relevante.


En segunda instancia, realizamos la cartografía social. “Se entiende cartografía social como una metodología participativa y colaborativa de investigación que invita a la reflexión, organización y acción alrededor de un espacio físico y social específico” (Torres & Gaona & Corredor, 2012: 62). Este ejercicio se descompuso en un “mapeo colectivo” de las localidades de Bogotá y un “mapeo corporal” del individuo. Por un lado, el “mapeo colectivo” se apropió de la técnica espacial-territorial, pues partió de experiencias previas y representaciones de lo que podría pasar en las diferentes localidades de la ciudad. Así contrastamos la representación de los recuerdos y los territorios para abordar la relación del individuo con el espacio. Para ello, se les pidió a ambos drags situar diferentes símbolos (estrellas, corazones rotos, triángulos, etc.) sobre los lugares en los que se podría sentir intimidados, no conocían o han sentido un apoyo al “draguearse”[1]. Esta representación visual permite contrastar la memoria y territorialidad construidas a partir del drag, en contraposición a las representaciones hegemónicas de la heteronormatividad.


El “mapeo corporal” o también llamado corpografía se apropió de la técnica espacial-corporal, pues partió de experiencias intrapersonales y representaciones de sí mismos cuando interpretan drag. Así, como el ejercicio del mapeo colectivo, pedimos a ambos drags pintar con diferentes colores y señalar los lugares que les gustan de sí mismos cuando performan drag, los que no le gustan cuando se draguean y de igual manera, cuando no están haciendo drag. Esto permite deconstruir la masculinidad y feminidad al contrastar la representaciones femeninas y la del individuo mismo en su cotidianidad. Esta actividad es interesante en la medida que permite que haya un ejercicio reflexivo no únicamente por parte del investigador, sino también de los investigados.


En tercera instancia realizamos dos observaciones en campo. Para ello asistimos a un evento de stand up comedy por Chicky Lorens (drag venezolana), en el recreo de Adán, un bar gay de Bogotá. Este ejercicio nos permitió por un lado, tener un primer acercamiento a lo que es el drag y los lugares en que se practica, mientras que, por otro lado, hacer un estudio exploratorio y descriptivo del drag, tanto de las interacciones y comportamientos que se circunscribe en este contexto.

La segunda observación de campo fue en el Palacio la Merced, la facultad de artes ASAB. Allí se socializaron trabajos de investigación y de cooperación artística entre las comunidades LGBTI de Bogotá, Medellín, Cali y Pereira y artistas profesionales. Así también se hicieron exposiciones donde se relaciona la imagen fotográfica con puestas en escena en vivo donde se interpretó lo mejor de las estéticas drag, trans y queer que se ven actualmente en Colombia. Asistir a este evento no solo sirvió como método de recolección de información, sino también como proceso del mismo conocimiento, desde la perspectiva de investigador-actor, que nos abrió las puertas y ofreció las coyunturas culturalmente válidas para los niveles de inserción y de aprendizaje del investigador (Rosana, 2005: 121).


Justificación


Los motivos a partir de los cuales se decidió hacer una investigación sobre el drag en Bogotá es porque dicha práctica es uno de los medios a través de los cuales se puede ver cómo se explora lo masculino y lo femenino y la manera en que pueden deconstruirse dichas categorías, mostrando una alternativa a las visiones hegemónicas sobre el género y la sexualidad. Dicha deconstrucción se da a partir del rendimiento corporal, es decir, la manera en que se manipula el cuerpo para dar a entender una representación femenina o masculina. Además, dicha práctica nos permite dilucidar el papel de crítica a los comportamientos heteronormativos a través de las modificaciones corporales femeninas de quienes lo practican. También permite deconstruir el binarismo hombre-mujer, entendido como una construcción social heteronormativa. En Colombia no se ha trabajado mucho desde la academia sobre cómo el drag ha permitido deconstruir las categorías de género y es por eso que esta investigación busca indagar sobre este aspecto.


Respecto al uso de las herramientas metodológicas, es necesario tener en cuenta los aspectos éticos a la hora de ser implementadas. Uno de los más importantes es el respeto a los sujetos inscritos, el cual implica: i) permitir que el sujeto consienta la información y si decide cambiar de opinión dado que la investigación no concuerda con sus intereses, dejarlo retirarse sin sanción; ii) manejo de la confidencialidad; iii) reconocimiento a la contribución de los sujetos; iv) el bienestar del sujeto al uso de la información. La realización de la investigación debe ser lo mejor diseñada para obtener resultados confiables, así como debe aportar un valor social o científico (González, 2002: 101). Es necesario también entender y disminuir los riesgos de los sujetos sobre los cuales se realiza la investigación.


Análisis


Mujeres, más allá del drama y los tacones


El arte drag, igual que el transformista, se sustenta en la idea de transformación a través del performance corporal: su propio cuerpo se manipula y se convierte en obra de arte. Además de entretener y entretenerse, el drag cumple un papel importante en la subversión y/o crítica a los comportamientos, manerismos y características físicas, entre otros, que socialmente se construyen en torno a los binarismos hombre/mujer, femenino/masculino, como si fueran naturales o estáticos. (Santos, 2018)

Estos binarismos hacen parte del género, y con ello la idea de lo femenino y lo masculino, que está construida a partir del sexo con el que nacemos, es decir, si tenemos pene o vagina. Alrededor de esta primera identificación cultural, puesto que somos identificados por otros, se crean una serie de disposiciones, discursos y prácticas que deben guiar nuestra sexualidad:


[...]el género, especificado como masculino o femenino, se emplea para denotar los atributos psicosociales y las conductas que las personas desarrollan como resultado de lo que la sociedad espera de ellas dependiendo de si han nacido hembras o machos. (Hubbard, 2004, pág.53)


Al experimentar, vivir, y reproducir el género desde la masculinidad o la feminidad, otras formas de ser y expresar el género quedan silenciadas o prohibidas. Por esta razón, el arte drag queen se entiende como una expresión de género que rompe con los ideales de dicha categoría, específicamente con el discurso impuesto sobre nuestros cuerpos debido al sexo con el cual nacemos. Recordemos que el género, está permeado por el poder: “ el género está condicionado por normas obligatorias que lo hacen definirse en un sentido u otro (generalmente dentro de un marco binario) y por tanto la reproducción del género es siempre una negociación de poder”. (Butler, 1991:3) En ese sentido, el arte drag queen se entiende como el lugar desde


donde se negocia el poder desde el cuerpo convirtiéndolo en el lienzo en que se inscriben discursos liminales de género. Con liminales nos referimos a que no son ajenos a la feminidad ni la masculinidad, pero que estos son llevados al límite. Para Beatriz Preciado, en estas rupturas con la heteronormatividad y heteropetriacalidad en la que se vive diariamente:


[...] los cuerpos se reconocen a sí mismos no como hombres o mujeres, sino como cuerpos parlantes, y reconocen a los otros como cuerpos parlantes [...] Por consiguiente, renuncian no solo a una identidad sexual cerrada y determinada naturalmente, sino también a los beneficios que podrían obtener de una naturalización de los efectos sociales, económicos y jurídicos de sus prácticas significantes. (Preciado, 2002: 19)


En este marco se pueden pensar nuevas expresiones de género, como el arte drag queen, puesto que pretende revertir el discurso impuesto sobre el cuerpo para hacer del cuerpo el lienzo mismo del género. En este sentido, el drag deconstruye el género, puesto que desnaturaliza el lugar de lo femenino como ideal al cual solo pueden acceder quienes nacen con vagina, para apropiarse de estos discursos normativizados y emularlo lo mejor posible. Visto así, lo drag queen se vuelve una expresión política al hablar mediante el cuerpo del artista. (A la izquierda fotografía de Allanah V. Suárez, sacada de su Instagram @avsuarez23).


El cuerpo como lienzo:


El género, de esta manera, se convierte en una manera política de reivindicar políticamente múltiples diversidades sexuales, como expone Beatriz Preciado. Esto significa que lo drag va en contra de la idea de una única diversidad sexual (femenino/masculino, hombre/mujer), por el contrario, configura una nueva identidad de género: lo queer, donde se retoman las ideas de mujer-femenino y hombre-masculino para construir identidades diversas que se configuran en lo liminal mismo de estas construcciones culturales de género[1]. Para el drag no es relevante si se nace con pene o vagina, sino lo que se quiere decir y cómo el individuo se apropia de lo colectivo y lo muestra en el performance[2].

Para entender cómo se construye el cuerpo, es necesario pensarlo más allá de lo que representa, es pensarlo como “materialidad, de modo que la pregunta sea sobre su realidad y no solo sobre cómo se la conoce. En otros términos, no es solo preguntarse por el cuerpo que se tiene o que se es, sino por el que se hace en contextos muy específicos de práctica.” (Martínez, 2016: 4) Desde las corpografías, cartografías realizadas al cuerpo de cada una de las drags, pudimos ver esa construcción del personaje, la disciplina pero sobre todo la forma en que el cuerpo resiste al discurso impuesto y habla a través de la materialidad, es decir, a partir de la transformación de las manos, rostro, brazos, piernas torso, cola y pecho.

[...] digamos que lo normal de una drag queen que uno intenta disimular son las manos por lo que ahí se nota la masculinidad. Hay muchos que tenemos las manos grandes y por eso usamos uñas, por eso el deseo insaciable de utilizar uñas [...] Entrevista a Nicolás Suárez.


El entender el cuerpo como lienzo nos deja ver las dos realidades de estos cuerpos, como son construidos en espacios cotidianos, y cómo son construidos en espacios de entretenimiento y presentación. Ambas realidades están inscritas en espacios de significación diferentes, que exigen cuerpos específicos y por tanto, estos se convierten en ensamblajes de lo humano y lo no humano. La liminalidad entre lo masculino y lo femenino tiene lugar en el cuerpo, y está se explora de muchas formas, de allí la gran variedad de estilos de las drag queen como el fishy[1] o el spooky[2]. Las corpografías nos mostraron que las manos y el rostro son lugares importantes para transformar el cuerpo, sobre todo el mentón y los huesos sobre la cejas. Los brazos, piernas, y el pecho también son apreciados porque desde ellos se actúa, se teatraliza. (A la izquierda fotografía de Zoila por Lina Oliveros).

En este sentido, el cuerpo de las artistas drag queen pretende mostrar múltiples formas de sexualidad, a partir de la transformación de su cuerpo el cual se vuelve un ensamblaje de lo humano, lo fisiológico y lo no humano, el maquillaje, el vestido, los tacones y demás materiales.

Drag queens en acción: que suenen los tacones


Al igual que una obra de arte, el arte drag debe exponerse a un público y es allí donde se le dan múltiples significados al performance logrando el cometido de salirse de la dicotomía de lo femenino y masculino, volviendo público algo que se supone que debe ser privado: la expresión de la sexualidad. Por esta razón, en lugares como El Recreo de Adán, Sauna y Theatron, entre otros, allí no sólo se presentan “unas maricas” en tacones, sino que se cuestiona la privatización de la sexualidad y su jerarquización en binarios femenino y masculino:


En dicho régimen se dividen y jerarquizan de forma coercitiva. La repetición ritualizada de las normas constituye el escenario temporal de la construcción y la desestabilización del género. (Butler, 1997: 64)


Lo anterior nos permite evidenciar la significación de lo drag sobre el espacio y su relación con el público, convirtiendo un espacio, sea la tarima de un bar o la calle, en una forma de expresión artística. Esto puesto que el espacio no es meramente físico, sino que es construido socialmente, pues son las relaciones de poder que tienen lugar en él las que crean lugar. Doreen Massey especifica que el espacio y lugar, así como los sentidos que tenemos de ellos , junto con otros factores asociados, como los grados de movilidad, se estructuran recurrentemente sobre el género. Más específicamente :

Esta estructuración genérica de espacio y lugar simultáneamente refleja las maneras como el género se construye y entiende en nuestras sociedad y tiene efecto sobre ellas. (Massey, 1998: 40).


De esta manera, el arte drag no solo se relaciona con el espacio, si no el lugar, el contexto y cultura donde se realiza. Entonces es pertinente tener en cuenta la cultura colombiana al analizar estos espacios donde se expresa el drag. El performance drag se lleva a cabo generalmente en un tarima, como es un espectáculo son presentados generalmente quienes van a performar el drag y sus nombres. En el caso de un Stand Up Comedy, el comediante drag hace sus chistes e interactúa con el público de manera continua, después entre chiste y risa, se hace lyp-sync[1], donde la drag interactúa de manera más directa con el público de una manera sensual y fuerte. Es costumbre que en el lip-sync se entregue dinero a la drag, como en un strip-tease. El lyp-sync es una parte central del performance drag queen pues es allí donde se reúne la totalidad del performance: actuación, canto, baile y expresión producto del maquillaje, a modo de pintura corporal. El acto en sí encarna la denuncia de cada artista sobre los cánones y normas a las que ha sido sometido y por esta razón, el cantar se vuelve un acto político que al presentarse a publio se convierte en una voz de denuncia, una denuncia a través del arte, recordemos que:



El acto de cantar cumple con una serie de funciones ...(a) Cantar es una forma de articular el derecho a la libre expresión, a la libertad de asociación y a otra serie de derechos de ciudadanía por parte de aquellos que no tienen ese derecho, pero que de cualquier manera lo ejercen. Y esto plantea la cuestión de cómo puede ser ejercido un derecho que todavía no se tiene. (b) Cantar da voz y visibilidad a aquellas poblaciones a las que normalmente se ignora como una parte de la nación, y en este sentido, cantar pone de manifiesto las maneras en que han sido ignoradas a través de lo que es la propia nación. Dicho de otra forma, cantar expone y opone aquellos modos de exclusión a través de los cuales la nación imagina y refuerza su propia unidad. (Butler, 1991:9)


Por otra parte está el voguing[2], que no hace parte necesariamente del performance drag, pero que al igual que el performance tienen un sentido político y artístico. Para ambos casos, el vestuario tanto como la actuación juegan un papel importante. Generalmente hay una historia creada a través de la música y el público decide mediante los aplausos que tanto les gustó la interpretación. En muchas de estas interpretaciones es posible encontrar una crítica al género tanto política, como religiosa y social. El espacio se construye así en base de su contexto y tiempo, donde es construido socialmente por quienes participan de este.


¡Acá sí hay talento!


Así como hay espacios en la ciudad para hacer drag, así hay más personas de todas las localidades, y estratos haciendo arte drag. Como arte, esta dinámica no es indiferente de las diferencias de clase entre drags que tiene como fin lograr el reconocimiento de las artista en Bogotá y en el país.

La clase es algo que todo el mundo lo sabe, pero nadie lo habla [...] no es solo tener plata sino tener los contactos. Si tu conoces a este diseñador de modas, a este fotógrafo de artistas y este no se que, tienes muchas más probabilidades de subirte [...] Eso hace que la puesta en escena sea distinta y que se cotizan mucho más. (Entrevista a Diana Santos, 2018)

Dentro de sus postulados, Pierre Bourdieu hace énfasis en que el capital cultural se complementa con los capitales económicos y sociales que posee cada individuo y, por ende, las condiciones económicas y sociales de cada uno interfieren en la forma de aprendizaje, realización e interés mismo en el arte. Si bien el estrato y la posición económica no son los únicos determinantes para hacer arte, si influyen en la realización y visualización del producto final. Para los entrevistados el drag puede ser llevado a cabo por cualquier persona en la ciudad, sin embargo, el capital cultural influencia en el reconocimiento a nivel local del mismo.

El capital cultural es tan condicionante como la heteronormatividad de nuestra sociedad para que el arte drag tenga un lugar en la ciudad. A pesar de esto, Nicolás Zuñiga al igual que varias artistas reconocidas, enfatizan en que el talento es algo que no se obtiene únicamente a través del capital cultural, ya que muchas veces esto es innato.


El Drag en la ciudad

Cartografía social realizada con Nicolás Zuñiga y Nicolás Suárez en diferentes sesiones

Para entender cómo se construye el sentido en la ciudad de el Drag es necesario entender que el espacio no solo es constituido por el lugar físico sino también por las diferentes interacciones sociales que hay se desarrollan. (Lefebvre, 1972: 40). Esto nos hace ver que los espacios en los cuales se desarrolla el drag tienen sentido en tanto en los mismos se generen estas interacciones que le dan sentido al evento, como son la existencia de un público y todo lo consiguiente con lo mismo. El drag trae consigo el desarrollo de ciertas dinámicas en los diferentes espacios en los cuales se desenvuelven como son un ambiente de “liberación” sexual.


La significación del espacio en la teoría de Lefebvre es dividida en tres partes, las cuales son el espacio vivido, concebido y por último el percibido; todos los anteriores juntos son los que le dan un sentido al espacio (Lefebvre, La producción del espacio, 1974). El primero de estos hace referencia a lo vivido en el espacio, el cual hace referencia a las dinámicas materiales, ya sean económicas o sociales, que se desenvuelven en un espacio. Dicho espacio se ve expresado en tanto los sitios en los cuales se desarrolla la actividad material del drag son considerados seguros e igualmente lo son los sitios en los cuales residen.


El segundo de estos es el espacio concebido, el cual hace referencia a este entendido de manera abstracta, como se ve reflejado en los mapas y las diferentes interacciones de poder que le dan sentido a este. La representación de este se ve reflejado en la relación existente en la cartografía entre lo residencial como un sitio conflictivo o de dudosa naturaleza, esto último especialmente en las zonas del sur de la ciudad, mientras que las zonas de vocación comercial son consideradas más seguras.


El último de los tipos de espacio que será estudiado es el percibido, el cual nos hace referencia al espacio de manera simbólica, entendido lo que consideramos que es propio de un espacio, entendiéndose como zonas seguras o conflictivas. La cartografía social realizada en esta investigación explora principalmente al espacio percibido en la ciudad con su diferentes aristas, teniendo en cuenta lo que se conoce personalmente o lo que se sabe por terceras personas y de cómo se entiende la ciudad producto de todo lo anterior.


Conclusiones


Para concluir, respondiendo a nuestra pregunta de investigación, es posible establecer que de diversas maneras el arte drag queen que se realiza en Bogotá es una forma para explorar la masculinidad y la feminidad, y una herramienta para deconstruir dichas categorías hegemónicas. En primer lugar, a pesar de que en la mayoría de los casos no tiene una intencionalidad política, el simple hecho de que haya personas que exponencialmente practiquen el drag y haya más espacios destinados para su performance, lo configura como un acto política, en la medida que se da un lugar más amplio para la comunidad LGBTI. Adicionalmente, es político también en el sentido en que deconstruye el género y con esto muestra que hay más maneras de diversidad y expresión sexual, que no son estrictamente lo masculino y lo femenino, pues y en sí dichas categorías son socialmente construidas, pero: “aunque podamos rehacer radicalmente nuestros géneros o incluso intentemos rehacer nuestras sexualidades (a menudo sin éxito), estamos atenazados por normas incluso aunque luchemos contra ellas”. (Butler, 1991:15). Por lo que es relevante entender este acto político desde la liminalidad de los discursos de género, pues de allí viene la fuerza de lo drag en lograr una confusión entre lo masculino y lo femenino para poner en entredicho la naturalización misma del ser mujer-hombre y masculino/femenino.


De esta manera, el drag pretende demostrar múltiples formas de sexualidad a partir de la transformación del cuerpo. En este contexto, los espacios donde se performa drag reflejan cómo el género se construye y se entiende en nuestra sociedad, en lugar de verlo como algo estático e inmutable.


En tercer lugar, es de resaltar que la clase es un factor transversal a la práctica del drag, pues esta determina la manera en que se hace, los lugares en que se hace, los materiales que se usan (maquillaje, vestuario), etc. Una práctica como esta no queda exenta (como toda práctica) de ser permeada por un factor tan influyente como es la clase. Tanto en las entrevistas como en la corpografía pudimos ver esto, pues, mientras que por un lado Nicolás Zúñiga, siendo de clase alta, no ha tenido que recibir insultos ni malas apreciaciones al estar en drag, Nicolás Suárez sí. Esto se debe a que Zúñiga nunca ha tenido que estar en espacios públicos como Transmilenio, pues se desplaza en Uber o taxi hacia los lugares donde hace su show, mientras que Suárez sí utiliza transporte público.


En cuarto lugar, el drag es una herramienta que permite explorar la feminidad del individuo para crear, por así decirlo, su propia construcción de género. Esto se hizo evidente en la entrevista de Nicolás Zúñiga, en tanto explicaba que al hacer drag podía explorar su “lado femenino”, que como “hombre” no se siente cómodo exaltando. La ambivalencia de Zoila, su personaje drag, deconstruye completamente los estereotipos tanto femeninos como masculinos socialmente establecidos, pues por un lado, mientras su cara, su pelo y sus vestuarios son considerados como “femeninos”, también exalta su masculinidad al no preocuparse por ocultar su cuerpo musculoso, no esconder sus partes masculinas (como su pene y su pecho), sino por el contrario resaltarlas.


A partir de las entrevistas pudimos ver que hay diferentes formas de hacer drag, como las drag queens (hombres que se visten de mujeres), drag kings (mujeres que se visten de hombres), entre otros. Esto muestra que dentro de este mismo universo hay otra gran cantidad de maneras de expresar la identidad. Lo anterior se aleja un poco del propósito de este trabajo, sin embargo, es algo interesante para realizar en posteriores trabajos en relación a la identidad de género y lo drag. Además fue interesante notar que ambos participantes Nicolás Zuñiga y Nicolás Suárez no se draguean en busca de armonizar los discursos normativos del género, sino más bien por gusto propio. Donde queriendo o no, el drag representa una crítica constante al discurso impuesto sobre el cuerpo y género. De esta manera, la lucha del arte drag se centra en la reivindicación de múltiples sexualidades y en la concientización de que los femenino y lo masculino hacen parte de concepciones sexopolíticas que son impuestas a los individuos desde el momento mismo del nacimiento. Por esta razón, la lucha del arte drag parte del cuerpo no únicamente a través de la transformación sino del discurso y las significaciones que este tiene en el espacio social.


Bibliografía


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Se reproduce con autorización de sus autores, cualquier reproducción parcial o total está prohibida. Referencia sugerida en caso de citación: Vallana, V; Oliveros G.; Castro, J.; Gutiérrez, M.; Herrera, I (2018) Deconstruyendo masculinidades y feminidades: un estudio del drag queen en Bogotá. Recuperado de Blog ABC del Arte Drag y Transformist

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